La poesía como crítica política

Congreso Internacional Libertad de Expresión:

Diálogos y Reflexiones desde el Derecho y la Literatura

USFQ   –   Junio 2018

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Le dije de todo, tal como me habían educado en la casa que hiciera cuando la injusticia o la estupidez (o las dos cosas juntas) me acosaran. Y razones no me faltaban, como lo estamos evidenciando en estos días. En efecto, Querido señor presidente, ¿qué te has hecho?, el libro que se refiere a autócratas y déspotas que terminan como delincuentes, como el que está a punto de ir a la cárcel, debería tener una continuación (un sequel, como se dice en inglés). Y eso –la idea de que hay que seguir escribiendo sobre lo que pasa, desde nuestra perspectiva (cualquiera que esta sea)– es ya un primer aporte.

Como el gesto del niño que casi sin decir nada lo dice todo (diap. 1),[1] lo primero que le dije fue que yo, desde lejos, me había metido en la trinchera (donde lo que menos hay es olvido). Y, el 16 de marzo del año pasado, lo puse en estos términos:

faltan 69 días para que te vayas
y no te has ido

te vi al frente del hospital
el otro día
creo que viniste a ver si la obra seguía en pie
o si la oposición había hecho que se derrumbe

yo estaba entre los que gritaban
que no habían pastillas
que los médicos habían desaparecido
que no a la mentira

luego te fuiste
convaleciente
malhumorado
triste

porque el país no era el país que tu creíste

Cuando leí este poema en público, lo primero que alguien preguntó fue por qué le había arrebatado el micrófono a la persona que sí había estado metida en el lío del hospital al que se hace referencia en el escrito. Mi respuesta fue literaria: porque eso hacemos los escritores, nos imaginamos, dije. Y este es un segundo aporte: todos tenemos el derecho de solidarizarnos con lo que pasa en el mundo, estemos donde estemos. (Ojo, que al poder le conviene que no lo hagamos).

Luego, en relación a su bola de compinches, dizque poetas (incluyendo el que quiso entrar por el tejado a regir los destinos de mi ex universidad, incluyendo a la que vendió la nacionalidad ecuatoriana a un sujeto que dice que somos insignificantes, incluyendo al que debería dar la cara por el caso Gabela), le planteé la siguiente pregunta:

qué dirán tus poetas
(campeones de la otra edad)
husmeando sobre el vidrio

cómo transcribirán el insulto
qué harán con la miseria
cómo transportarán el empujo
cómo tragarán tus píldoras

cuántas horas pasarán barriendo las costras
para ocultarlas sin oficio
que el Ecuador del siglo 21 no es el del 20
y yo me pregunto si en verdad crees que el país nació contigo

de traficantes de metáforas a mercachifles de eufemismos
quedan destituidos, dirá la historiografía

El tercer aporte es el que viene con el tiempo. Me explico: todos sabemos que la justicia que tarda no es justicia. Y es así, me imagino, por una sencilla razón: mientras tarde, lo primero que uno se pregunta es quién y por qué hace que tarde; qué esconde, quién se beneficia. La justicia literaria, sin embargo, opera de manera diferente. La justicia literaria es a largo plazo. Está dedicada para las próximas generaciones, para decir que las estupideces que cometimos hoy no se cometan mañana. El tercer aporte tiene que ver con tratar de poner las cosas en su sitio.

Y así, Querido señor presidente está compuesto por 69 poemas que tratan de indagar sobre varias preguntas; una de las cuales, que me imagino varios de ustedes también se habrán hecho, es ¿por qué diablos votamos por un doctorcito salido de la nada, en un partido que resultó con un marcador final de 80 a 20? Vamos a ver. Yo, una persona que se considera atenta, informada y por eso sensible, ¿por qué votaría por alguien que luego de diez años en el poder se va y se aloja en un ático para ayudar a forjar lo que ahora llamamos la “posverdad”? Quizá lo hice por la misma razón por la cual esta universidad, la Universidad San Francisco de Quito, le dio trabajo: por tener el cartón. El cuarto aporte, que se recoge en el poema titulado “¿Le conoces al César?”, es el que Hannah Arendt advirtió en Eichmann en Jerusalén, el libro que escribió en 1963 para preguntar quiénes, en la segunda guerra mundial, estaban detrás de tanta maldad. Parte de la respuesta, a la que alude el poema, es que fueron personas instruidas (personas con títulos de PhD).

Como profesor universitario que soy, lo primero que debería decir es que los títulos sí prueban algo. Entre otras cosas, prueban (o quieren probar) que uno sabe hacer algo (leer, escribir, razonar y cosas por el estilo). No obstante, lo que ningún título puede probar es que el tenedor sea buena persona. Por tanto, ¿qué seguimos persiguiendo con un sistema educativo enfocado en amasar cartones? De hecho, el cuarto aporte aboga por que la poesía y otras literaturas se encuentren en igualdad de condiciones frente a las matemáticas o las ciencias exactas, por ejemplo. El poder gana cuando se forja una sola manera de decir, una sola manera de nombrar, en definitiva, una sola manera de pensar. De ahí que la poesía, en sí, sea contestataria. Es una manera potente de nombrar y, por tanto, existir. En definitiva, el cuarto aporte apunta a preguntar de qué nos ha servido ser tan educados.

Hablando de ser contestatario (diap. 2), he aquí un poema encontrado, el que se titula “El colonizador colonizado”, en el que se recoge lo siguiente:

el colonizador pregunta:
¿me puedes decir quién fue el estúpido
que dijo que eran el dos por ciento?

el colonizado responde:
¡usted
señor presidente!

Querido señor presidente evidentemente se diferencia del muro de Twitter de quien habita en el ático en que si este ha de cobrar vigencia, será porque varias de sus páginas sirvieron para transcribir el eco anticipado, algo que al segundo solo le gusta tergiversar –por ejemplo, cuando lo que escucha es que lo han vinculado a un crimen de Estado y de lo que escribe es de una persecución política–. Como se ve, la búsqueda de la verdad, que debería energizarnos a todos, especialmente a los académicos y universitarios, está detrás de dicha transcripción. Hacer eso –es decir, siempre mantener las ganas de diálogo en nuestro intento por descubrir la verdad– es el quinto aporte a la discusión a la que he sido invitado esta tarde/noche.

Pero, como sabemos, la verdad no puede ser una sola; peor si lo que se busca es lo literal. El poema, “La larga noche neoliberal”, ilustra este punto así:

la larga noche neoliberal
como su nombre lo dice
es larga porque habla del despojo
como en la frase: ¡hasta cuándo se larga!
es noche porque en su espesura le gusta ganar
a como dé lugar
es neo- porque sabe de lo último
en iones, presiones y pretensiones
y es liberal porque piensa que todo lo puede comprar
incluso nuestra libertad

el 15 de enero de 2007
los ecuatorianos, expertos en experimentar, parimos un refrito

Los verdeflex, como a Juan Cuvi le gusta llamarlos, se caracterizaban por el uso trillado de frases pegadizas. A ellos, a los verdeflex, les gustaba culpar de todos nuestros males al capitalismo, al imperio y, por supuesto, a “la larga noche neoliberal”. Y yo me pregunto si, después de una década, hemos cambiado en algo el sistema que rige nuestras vidas. El sexto aporte, por tanto, es resaltar la obligación que tenemos de jugar con la mentira, para cuestionarla, perforarla y, por qué no, burlarnos de ella; es decir, para intentar buscar la verdad.

Evidentemente, por todo lo dicho, el que ha sido conducido al silencio es el que más le conviene al poder. De hecho, los nazis se dieron cuenta de esto desde muy temprano (diap. 3). No de gana, dice el poema que se titula “Fusilado”, a la persona que juega, esconde o vive con palomas hay que aniquilarla.

¿El problema? Lo que se teme es que las use para comunicarse. Como es obvio, el séptimo aporte a la discusión solo puede ser uno: insistir en que hay que abrir puertas y ventanas que inciten al cruce de ideas. En esto, como es lógico, el papel de la universidad ecuatoriana es clave.

El octavo aporte tiene que ver con mirar para adelante viendo hacia atrás. ¿Qué quiere decir esto? Algo que todos sabemos, pero muchas veces olvidamos. Y es que no lo puedo evitar. Yo, al igual que muchos de ustedes, soy del Ecuador, de un lugar en específico llamado “Ambato”, tierra de un Juan en particular, esto es, tierra de Juan Montalvo. “El capítulo que no se le olvidó a Montalvo” dice así:

quién fue el que abrió la boca
quién fue el que habló sin permiso, ¡carajo!
dónde está el que contaminó mi aire
dónde, dónde está el que manchó la Historia, ¡carajo!

que salga de sus tinieblas el déspota
que dé la cara para que se la parta

Ecuador, pueblo sometido, ¡dime con quién andas!
Ecuador, patria querida, ¡dime por qué aguantas!

La verdad es que Querido señor presidente no trata de inventar nada. Eso debe quedar claro en este poema, puesto que lo que se pretende es sintonizar al lector u oyente con la Historia (escrita con hache mayúscula). El octavo aporte es insistir en lo importante que es mirar para adelante viendo hacia atrás, precisamente para no hablar sin permiso.

Para terminar, hay que reconocer que cualquier intento de reflexión necesita dejar que el tiempo pase; de lo contrario, se corre el riesgo de hablar de manera apurada o con poca profundidad. Sin embargo, como se entenderá, cuando escribí Querido señor presidente lo que quise fue entregarle una carta de despedida a nuestro ex. Y, para ser honestos, ya no aguantaba más. Habían pasado muchos años –demasiados–, en los que al igual que muchos de ustedes me mantuve en silencio. A mí también me entristeció el miedo. Y hablo de tristeza, porque triste se convierte uno cuando calla. Lo bueno de todo este ejercicio, no obstante, es que la verdad que está saliendo a la luz, está dotando con perspectiva el trabajo realizado.

Finalmente, quiero cerrar diciendo que, en efecto, la poesía puede operar como crítica política. En mi caso, esto no es nada nuevo; otros escritores ya lo han probado una y otra vez, y lo seguirán haciendo. Y, como ustedes entenderán, además de frontal, también su estilo puede ser sutil (diap. 4), como en “Qué es el amor”, el poema que dice así:

qué es el amor
sino una ficción

hasta que te pegan

entonces como el hielo
cuando al golpe quema

y lo convierte en realidad

el bailado nadie me quita
dijo Manuela aquel viernes

al escucharla tuvo sentido el atardecer

desde entonces el 21 de agosto existe
para conmemorar la ruptura

del ser amando cuando se va

Querido Señor Presidente,

eres tan “platónico”…

en tu “corazón”
el “amor” es equivalente a “ciudadanía universal”

ninguno existe

Al autócrata déspota, que más temprano que tarde termina como delincuente, no le interesa el amor, la Historia, la apertura, la verdad, el diálogo… (diap. 5). De hecho, parecería que actuara en su contra. De hecho, parecería que nunca hubiera cruzado un aula, peor una universidad. Por eso, tomando de referencia las palabras de la ex verdeflex de la Asamblea, “¡que los pobres de lucidez coman mierda!/ ¡mucha mierda!” (ben aki, “Que los pobres coman pan”, versos 60-61).

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Referencia

ben aki. (2017). Querido señor presidente, ¿qué te has hecho? ISBN: 978-9942-30-455-1

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[1] Para seguir las diapositivas, por favor ver https://es.slideshare.net/jovanij/querido-seor-presidente.