La poesía como crítica política

Congreso Internacional Libertad de Expresión:

Diálogos y Reflexiones desde el Derecho y la Literatura

USFQ   –   Junio 2018

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Le dije de todo, tal como me habían educado en la casa que hiciera cuando la injusticia o la estupidez (o las dos cosas juntas) me acosaran. Y razones no me faltaban, como lo estamos evidenciando en estos días. En efecto, Querido señor presidente, ¿qué te has hecho?, el libro que se refiere a autócratas y déspotas que terminan como delincuentes, como el que está a punto de ir a la cárcel, debería tener una continuación (un sequel, como se dice en inglés). Y eso –la idea de que hay que seguir escribiendo sobre lo que pasa, desde nuestra perspectiva (cualquiera que esta sea)– es ya un primer aporte.

Como el gesto del niño que casi sin decir nada lo dice todo (diap. 1),[1] lo primero que le dije fue que yo, desde lejos, me había metido en la trinchera (donde lo que menos hay es olvido). Y, el 16 de marzo del año pasado, lo puse en estos términos:

faltan 69 días para que te vayas
y no te has ido

te vi al frente del hospital
el otro día
creo que viniste a ver si la obra seguía en pie
o si la oposición había hecho que se derrumbe

yo estaba entre los que gritaban
que no habían pastillas
que los médicos habían desaparecido
que no a la mentira

luego te fuiste
convaleciente
malhumorado
triste

porque el país no era el país que tu creíste

Cuando leí este poema en público, lo primero que alguien preguntó fue por qué le había arrebatado el micrófono a la persona que sí había estado metida en el lío del hospital al que se hace referencia en el escrito. Mi respuesta fue literaria: porque eso hacemos los escritores, nos imaginamos, dije. Y este es un segundo aporte: todos tenemos el derecho de solidarizarnos con lo que pasa en el mundo, estemos donde estemos. (Ojo, que al poder le conviene que no lo hagamos).

Luego, en relación a su bola de compinches, dizque poetas (incluyendo el que quiso entrar por el tejado a regir los destinos de mi ex universidad, incluyendo a la que vendió la nacionalidad ecuatoriana a un sujeto que dice que somos insignificantes, incluyendo al que debería dar la cara por el caso Gabela), le planteé la siguiente pregunta:

qué dirán tus poetas
(campeones de la otra edad)
husmeando sobre el vidrio

cómo transcribirán el insulto
qué harán con la miseria
cómo transportarán el empujo
cómo tragarán tus píldoras

cuántas horas pasarán barriendo las costras
para ocultarlas sin oficio
que el Ecuador del siglo 21 no es el del 20
y yo me pregunto si en verdad crees que el país nació contigo

de traficantes de metáforas a mercachifles de eufemismos
quedan destituidos, dirá la historiografía

El tercer aporte es el que viene con el tiempo. Me explico: todos sabemos que la justicia que tarda no es justicia. Y es así, me imagino, por una sencilla razón: mientras tarde, lo primero que uno se pregunta es quién y por qué hace que tarde; qué esconde, quién se beneficia. La justicia literaria, sin embargo, opera de manera diferente. La justicia literaria es a largo plazo. Está dedicada para las próximas generaciones, para decir que las estupideces que cometimos hoy no se cometan mañana. El tercer aporte tiene que ver con tratar de poner las cosas en su sitio.

Y así, Querido señor presidente está compuesto por 69 poemas que tratan de indagar sobre varias preguntas; una de las cuales, que me imagino varios de ustedes también se habrán hecho, es ¿por qué diablos votamos por un doctorcito salido de la nada, en un partido que resultó con un marcador final de 80 a 20? Vamos a ver. Yo, una persona que se considera atenta, informada y por eso sensible, ¿por qué votaría por alguien que luego de diez años en el poder se va y se aloja en un ático para ayudar a forjar lo que ahora llamamos la “posverdad”? Quizá lo hice por la misma razón por la cual esta universidad, la Universidad San Francisco de Quito, le dio trabajo: por tener el cartón. El cuarto aporte, que se recoge en el poema titulado “¿Le conoces al César?”, es el que Hannah Arendt advirtió en Eichmann en Jerusalén, el libro que escribió en 1963 para preguntar quiénes, en la segunda guerra mundial, estaban detrás de tanta maldad. Parte de la respuesta, a la que alude el poema, es que fueron personas instruidas (personas con títulos de PhD).

Como profesor universitario que soy, lo primero que debería decir es que los títulos sí prueban algo. Entre otras cosas, prueban (o quieren probar) que uno sabe hacer algo (leer, escribir, razonar y cosas por el estilo). No obstante, lo que ningún título puede probar es que el tenedor sea buena persona. Por tanto, ¿qué seguimos persiguiendo con un sistema educativo enfocado en amasar cartones? De hecho, el cuarto aporte aboga por que la poesía y otras literaturas se encuentren en igualdad de condiciones frente a las matemáticas o las ciencias exactas, por ejemplo. El poder gana cuando se forja una sola manera de decir, una sola manera de nombrar, en definitiva, una sola manera de pensar. De ahí que la poesía, en sí, sea contestataria. Es una manera potente de nombrar y, por tanto, existir. En definitiva, el cuarto aporte apunta a preguntar de qué nos ha servido ser tan educados.

Hablando de ser contestatario (diap. 2), he aquí un poema encontrado, el que se titula “El colonizador colonizado”, en el que se recoge lo siguiente:

el colonizador pregunta:
¿me puedes decir quién fue el estúpido
que dijo que eran el dos por ciento?

el colonizado responde:
¡usted
señor presidente!

Querido señor presidente evidentemente se diferencia del muro de Twitter de quien habita en el ático en que si este ha de cobrar vigencia, será porque varias de sus páginas sirvieron para transcribir el eco anticipado, algo que al segundo solo le gusta tergiversar –por ejemplo, cuando lo que escucha es que lo han vinculado a un crimen de Estado y de lo que escribe es de una persecución política–. Como se ve, la búsqueda de la verdad, que debería energizarnos a todos, especialmente a los académicos y universitarios, está detrás de dicha transcripción. Hacer eso –es decir, siempre mantener las ganas de diálogo en nuestro intento por descubrir la verdad– es el quinto aporte a la discusión a la que he sido invitado esta tarde/noche.

Pero, como sabemos, la verdad no puede ser una sola; peor si lo que se busca es lo literal. El poema, “La larga noche neoliberal”, ilustra este punto así:

la larga noche neoliberal
como su nombre lo dice
es larga porque habla del despojo
como en la frase: ¡hasta cuándo se larga!
es noche porque en su espesura le gusta ganar
a como dé lugar
es neo- porque sabe de lo último
en iones, presiones y pretensiones
y es liberal porque piensa que todo lo puede comprar
incluso nuestra libertad

el 15 de enero de 2007
los ecuatorianos, expertos en experimentar, parimos un refrito

Los verdeflex, como a Juan Cuvi le gusta llamarlos, se caracterizaban por el uso trillado de frases pegadizas. A ellos, a los verdeflex, les gustaba culpar de todos nuestros males al capitalismo, al imperio y, por supuesto, a “la larga noche neoliberal”. Y yo me pregunto si, después de una década, hemos cambiado en algo el sistema que rige nuestras vidas. El sexto aporte, por tanto, es resaltar la obligación que tenemos de jugar con la mentira, para cuestionarla, perforarla y, por qué no, burlarnos de ella; es decir, para intentar buscar la verdad.

Evidentemente, por todo lo dicho, el que ha sido conducido al silencio es el que más le conviene al poder. De hecho, los nazis se dieron cuenta de esto desde muy temprano (diap. 3). No de gana, dice el poema que se titula “Fusilado”, a la persona que juega, esconde o vive con palomas hay que aniquilarla.

¿El problema? Lo que se teme es que las use para comunicarse. Como es obvio, el séptimo aporte a la discusión solo puede ser uno: insistir en que hay que abrir puertas y ventanas que inciten al cruce de ideas. En esto, como es lógico, el papel de la universidad ecuatoriana es clave.

El octavo aporte tiene que ver con mirar para adelante viendo hacia atrás. ¿Qué quiere decir esto? Algo que todos sabemos, pero muchas veces olvidamos. Y es que no lo puedo evitar. Yo, al igual que muchos de ustedes, soy del Ecuador, de un lugar en específico llamado “Ambato”, tierra de un Juan en particular, esto es, tierra de Juan Montalvo. “El capítulo que no se le olvidó a Montalvo” dice así:

quién fue el que abrió la boca
quién fue el que habló sin permiso, ¡carajo!
dónde está el que contaminó mi aire
dónde, dónde está el que manchó la Historia, ¡carajo!

que salga de sus tinieblas el déspota
que dé la cara para que se la parta

Ecuador, pueblo sometido, ¡dime con quién andas!
Ecuador, patria querida, ¡dime por qué aguantas!

La verdad es que Querido señor presidente no trata de inventar nada. Eso debe quedar claro en este poema, puesto que lo que se pretende es sintonizar al lector u oyente con la Historia (escrita con hache mayúscula). El octavo aporte es insistir en lo importante que es mirar para adelante viendo hacia atrás, precisamente para no hablar sin permiso.

Para terminar, hay que reconocer que cualquier intento de reflexión necesita dejar que el tiempo pase; de lo contrario, se corre el riesgo de hablar de manera apurada o con poca profundidad. Sin embargo, como se entenderá, cuando escribí Querido señor presidente lo que quise fue entregarle una carta de despedida a nuestro ex. Y, para ser honestos, ya no aguantaba más. Habían pasado muchos años –demasiados–, en los que al igual que muchos de ustedes me mantuve en silencio. A mí también me entristeció el miedo. Y hablo de tristeza, porque triste se convierte uno cuando calla. Lo bueno de todo este ejercicio, no obstante, es que la verdad que está saliendo a la luz, está dotando con perspectiva el trabajo realizado.

Finalmente, quiero cerrar diciendo que, en efecto, la poesía puede operar como crítica política. En mi caso, esto no es nada nuevo; otros escritores ya lo han probado una y otra vez, y lo seguirán haciendo. Y, como ustedes entenderán, además de frontal, también su estilo puede ser sutil (diap. 4), como en “Qué es el amor”, el poema que dice así:

qué es el amor
sino una ficción

hasta que te pegan

entonces como el hielo
cuando al golpe quema

y lo convierte en realidad

el bailado nadie me quita
dijo Manuela aquel viernes

al escucharla tuvo sentido el atardecer

desde entonces el 21 de agosto existe
para conmemorar la ruptura

del ser amando cuando se va

Querido Señor Presidente,

eres tan “platónico”…

en tu “corazón”
el “amor” es equivalente a “ciudadanía universal”

ninguno existe

Al autócrata déspota, que más temprano que tarde termina como delincuente, no le interesa el amor, la Historia, la apertura, la verdad, el diálogo… (diap. 5). De hecho, parecería que actuara en su contra. De hecho, parecería que nunca hubiera cruzado un aula, peor una universidad. Por eso, tomando de referencia las palabras de la ex verdeflex de la Asamblea, “¡que los pobres de lucidez coman mierda!/ ¡mucha mierda!” (ben aki, “Que los pobres coman pan”, versos 60-61).

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Referencia

ben aki. (2017). Querido señor presidente, ¿qué te has hecho? ISBN: 978-9942-30-455-1

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[1] Para seguir las diapositivas, por favor ver https://es.slideshare.net/jovanij/querido-seor-presidente.

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Presentación de Querido señor presidente

XIII Congreso de Literatura: Memoria e Imaginación de América Latina y el Caribe[1]

Pontificia Universidad Católica del Ecuador

10 de noviembre de 2017

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He soñado tanto contigo que pierdes tu realidad”, dice Robert Desnos, en “El último poema” (escrito durante 20 años y concluido en el campo de concentración de Terezin, en Checoslovaquia, en 1945) . Y concluye:

He soñado tanto contigo,
caminado tanto,
hablado tanto,
me he acostado tantas veces con tu fantasma
que ya no me queda más quizá,
y sin embargo, que ser fantasma entre los fantasmas,
y cien veces más sombra que la sombra que se pasea
y se paseará alegremente por el reloj de sol de tu vida.

Traigo a colación este poema porque capta lo que quise hacer en Querido señor presidente: convertirme en la sombra que se pasea por la vida de “la loca del ático”, ahí en los intersticios insospechables, donde opera el tiempo.

En realidad, el poco tiempo que ha transcurrido desde que se asiló en el ático hasta hoy me está dando la razón. La pus de la que habla Lenin Moreno brota desde las alcantarillas donde se ejerció el poder y cada día llena los noticieros porque ya no es posible esconder. Sin embargo, como dice Fernando Villavicencio, el que anda con grillete porque al loco no le gusta que andemos sueltos, todavía falta…, y mucho más.

Es, digámoslo así, mi manera de pedirle cuentas al déspota que el rato menos pensado se robó mi voto. Y hay dos cosas que no soporto: una, haberme dejado lavar el cerebro, y, dos, que el cerebro de mi madre siga lavándose con el mismo champú de lodo, sin que ella se dé cuenta. Yo, que había pregonado que al poder se lo tiene que cuestionar. “Dónde surja la normatividad, ahí hay que meterle el dedo”, era mi lema. Y pasaron diez años desde que ocurrieron los primeros hurtos, y me quedé callado. ¿Por qué? ¿Por qué mi madre, de la que había aprendido a hablar, ahora sigue callando?

Entonces, dije “basta, basta de tanta pendejada”, y me puse a escribir. En el transcurso del mes que duró el experimento de los 69 poemas que forman el libro, aprendí varias cosas.

Primero, que soy de los tipos que les gusta servir (por algo soy profesor). Como en el caso de “El sentido de la vida”, la película que los Monty Python produjeron en 1983, en la que el señor Creosota vomita baldes enteros de estupideces hasta quedar zaceado, el que al final tiene la última palabra es el camarero, que, con la amabilidad del caso, le sirve la cuenta.

Segundo, que el loco del ático no tiene amigos. Si los tuviera, le hubieran dicho unas cuantas verdades. Quizá ese cortocircuito se haya producido porque los disqué intelectuales de la robolución, expertos en disparates, nunca entendieron el concepto de amistad. Seguramente para ellos, la amistad requiere de “lealtad con el proyecto”, como el presidente de la Asamblea dijo recientemente en Teleamazonas, a propósito del encarcelamiento del innombrable de los vidrios rotos. Eso, o al silencio lo tradujeron como arma de fuego interna y externa. Después de todo, no es de sorprendernos que en el equipo económico de Moreno sigan actuando los que callaron y que Fernando Villavicencio ande con grillete.

Tercero, que mi madre no tiene remedio. “No sé qué creer”, me confesó la semana pasada cuando le dije que había voces que pedían bajar a la loca del ático para que viviera mejor en la cárcel. “Pero, entonces, para qué le sacaron al Moreno de la presidencia del partido”, suspiró decepcionada, como quien le cuesta trabajo entender que una cosa es el partido; y otra, el país. Seducida por el poder, mi madre seguramente seguirá votando aunque le mientan. ¿Y yo? Yo no sé qué haré la próxima vez que otro charlatán mercachifle salte a la palestra a, como decimos los ecuatorianos, hablar huevadas.

Finalmente, también aprendí que no hay que esperar tanto. No es recomendable hacerlo porque se corre el riesgo de que, al final, muchas cosas se quemen en el horno. Las cosas se van a quemar, van a desaparecer, sí. El problema es que a una reflexión política, se suma la urgencia. En el esquema: “nadie puede callar”, “el momento es ahora”, “el cambio sigue pendiente”, “hay que actuar con ética”, “solo hay una oportunidad”, hay tanto por hacer, que parecería que es precisamente esa combinación de factores que hace posible que, al final, pocos reflexionen. Al poder, hay que picarle los ojos (como en la lucha libre). Y nosotros, nosotros mismos debemos aprender a cortarnos los ojos, tal como lo propuso Buñuel hace más de 80 años. Querido señor presidente, por tanto, no solo es un intento por pintar de gris aquello que el poderoso ve de blanco; también es un intento por aprender a ver, leer y, luego, escribir, desde la fisura.

Hubiera querido empezar el libro con “Mierda”, la palabra que da inicio a Ubu Rey, en la voz del Padre Ubu, aquella “representación de lo grotesco y humanamente innoble del poder político y el gobierno” (Wikipedia, acceso: 6 de noviembre de 2017), que Alfred Jerry inauguró el 10 de diciembre de 1896, en el Teatro del Louvre de París. Hubiera sido lo más apropiado porque mierda, en el sentido literal, pero también figurativo, es lo que más ha habido en el Ecuador político de la última década, como estamos observando. En vez de eso, el libro empieza con un poema titulado, “Faltan 69 días”, que dice así:

faltan 69 días para que te vayas
y no te has ido

te vi al frente del hospital
el otro día
creo que viniste a ver si la obra seguía en pie
o si la oposición había hecho que se derrumbe

yo estaba entre los que gritaban
que no habían pastillas
que los médicos habían desaparecido
que no a la mentira

luego te fuiste
convaleciente
malhumorado
triste

porque el país no era el país que tu creíste

Escrito en verso libre y con lenguaje coloquial, el poema, que dio inicio a la locura de escribir un mes sin parar (para lo cual tuve que renunciar al trabajo de tiempo completo y posponer el desarrollo de mi tesis de maestría), (el poema) narra los efectos de la visita de supervisión que el mandatario haría a un hospital de la Costa, el jueves, 9 de marzo de este año. En la noticia se lo pudo ver enfurecido, amenazando a la gente que se había congregado, que si no paraban las quejas, el hospital sería cerrado. Por tanto, lo que trato de hacer en el poema, es situarme en la voz del otro, para, de ahí, empezar lo que sería la configuración de un espejo, lo suficientemente amplio, para que el señor se vea. ¿En dónde está la sombra? La sombra habita en la tristeza que le produce observar, ver, escuchar, que hay quienes existen por fuera del mapa mental que ordena su país secreto.

Se diría que es mucho esperar que un poema tan sencillo como este tenga repercusiones profundas en alguien que ha estado acostumbrado a no necesitar de “tonteras” para hacer lo que se la ha venido en gana. Sin embargo, lejos de pretender enriquecer lo que no puede ser enriquecido con las palabras, lo que busco, en realidad, es dejar sentado el hecho de haber hablado para calmar mi dolor. En este sentido, lo que posibilita ese intento por dejar de sangrar es el acontecimiento cotidiano. Es la fuente que nutre la obra, fortificándola de oralidad.

La otra fuente es la memoria. De hecho, el epígrafe que abre el texto, en su versión no digital, es de Borges: “Hay una cosa que no existe”, dice él, y es “el olvido”. No, a los ecuatorianos que nos ha tocado vivir estos años, ya inmersos en el siglo XXI, no nos puede fallar la memoria. “Está fresquita”, diría la abuela. Y yo añadiría que para que se mantenga así, fresca, lo que necesitamos ponerle es una pizca de subjetividad. Así, si alguien dice que “todos los políticos roban”, que “aunque roben, por lo menos hacen obras” o que “nos pueden robar todo, menos la esperanza”, lo lógico sería preguntar: ¿Y yo, por qué he dejar que me roben?

Presiento que la memoria nos falla el momento en que sentimos como ajeno aquello que aparentemente no nos toca. “¿Recuerdas lo que te dije la última vez que te lastimaste?”, continuaría la abuela, y nos recordaría que fue justamente por el distanciamiento entre la causa de la herida y su previsible efecto, que seguimos lastimándonos.

En este sentido, si la poesía ha de servir para algo, que no sea como curita. No, la poesía no debe, no puede, servir para tapar la herida. Todo lo contrario. La poesía, si quiere hacer crítica política, ha de hurgar en lo que el poder quiere esconder. Ahí, metida debajo de la cama, como testigo de la traición, ha de postular al déspota al infierno de su conciencia.

Querido señor presidente trata de hacer eso: entrometerse en la conciencia de quien ejerció el poder, pero también en la conciencia de los futuros electores. Busca, en otras palabras, servir como ayuda memoria. Lo peor que le podría pasar al Ecuador es que otro charlatán mercachifle, como dijimos anteriormente, venga a querer lavarnos el cerebro. No obstante lo dicho y lo escrito en el poemario, presiento que eso puede quedar merodeando en la órbita de las utopías, especialmente si se toma en cuenta lo que está saliendo sobre el sistema de educación pública. Al poderoso no le conviene que las personas, desde pequeñas, aprendan a decir “no”.

Hablando de charlatanes y mercachifles, y el rol de la poesía, el segundo poema, titulado “Qué dirán tus poetas”, dice lo siguiente:

qué dirán tus poetas
(campeones de la otra edad)
husmeando sobre el vidrio

cómo transcribirán el insulto
qué harán con la miseria
cómo transportarán el empujo
cómo tragarán tus píldoras

cuántas horas pasarán barriendo las costras
para ocultarlas sin oficio
que el Ecuador del siglo 21 no es el del 20
y yo me pregunto si en verdad crees que el país nació contigo

de traficantes de metáforas a mercachifles de eufemismos
quedan destituidos, dirá la historiografía

Fueron varios, los “poetas” que colaboraron con la década tristemente perdida. Y, como Martín Pallares se preguntaba el pasado 2 de octubre, en Twitter: “Pensar que estos mismos son los que nos dijeron prensa corrupta por 10 años. Y sin presentar una pinche prueba”. Y yo diría: ¡Pensar que el Raúl Vallejo, que fue mi profesor en la Universidad Andina, trató de entrar al rectorado por el tejado!

Antes de concluir, hay que anotar lo siguiente. Uno, decir que son 69 poemas porque “69” es el título del poema en el que hablo sobre la aldaba que me acosó por mucho tiempo, y que se encuentra publicado en Cartas desde la cárcel, mi tercer poemario publicado en 2015, en el que trato el tema de la libertad. El poema dice así:

libertad es la única herramienta que utilizo
para destornillar el perno
lentamente
-aquel que el gendarme, hijo del rey, heredero del fruto de mi inercia, tuerce

para hacerme hablar

un tránsito absurdo
casi pueril, se diría
pero más por tanto, más hostil es el gesto
que su amable correa forma con su lazo

para hacerme callar

También son 69 porque ese número adecuadamente representa el acto de dar y recibir. Y, como sabemos, Juan Montalvo, padre literario de la tierra donde nací y actualmente vivo, también recibió hasta que dijo “basta”. Y ya sabemos lo que pasó después. No pretendo ser heredero de nadie ni trazar ningún linaje; solo pretendo insistir en que yo también dije “hasta aquí no más”. Este concepto atraviesa el poemario y específicamente se encuentra detallado en el poema que se titula “69”. El poema se lee así:

69
desafíos
quién olvida mejor a quién

69
limpias internas
la abuela decía que lo que no se libera, muere

69
orzuelos
odio la lentitud con la que los paradigmas operan

69
plegarias sedientas
baboso: dícese del que piensa que la cosa pública es cuestión de fe

69
reverberos
¿rápido? ¡te equivocas cholito, a vos te vi con la mano en la masa!

69
lagañas externas
last night I dreamed I was in a different country with another language

69
quesos
dejarás puesto el veneno dejarás regando la higuera para el invitado que
ꟾ venga

y si todo fuera un fantasma
como en las películas de miedo

tener que correr
hasta que el director diga que “corten”

dónde andará el Marcelo Chiriboga…
ojalá no se olvide y me espere a la salida

69
pausas musicales
la diferencia entre los verbos fallar y faltar es que tú conjugaste bien el
ꟾ primero y yo el segundo

69
número de la discordia
quién olvida mejor a quién

Finalmente, la obra se llama “Querido señor presidente, ¿qué te has hecho?” porque el asunto es de tú-a-tú, tal como requiere la poesía. Pero, más que eso, se llama así porque, como diría la abuela, “en vez de hacer el bien, ¡solito va y se jode la vida!”, como lo explica el poema “Revolución (receta)”, que dice lo siguiente:

revolución:
dícese del champús en tiempos florales

ingredientes:
1000 quintales de cansancio (con lo que vino antes)
1 arroba de sueño (con lo que vendrá después)

utensilios:
1 astucia
1000 gravámenes
1000000 de propagandas

procedimiento:
1º: utilice la astucia para mezclar un quintal de cansancio con un manojo de
ꟾ sueño
2º: haga que alguien le ayude a verter los gravámenes lentamente mientras
ꟾ sigue mezclando
3º: aplique sin temeridad las propagandas que le sean necesarias para decir
ꟾ que todo salió bien
4º: vuelva a usar la astucia para dar de comer sus masitas a tanta gente como
ꟾ sea posible

presentación:
1º: ubíquese con megáfono en mano en la cima de un balcón
2º: haga que sus barras griten y zapateen para llamar la atención
3º: proclame que nunca antes nadie hizo cosa semejante
4º: obligue a todos aquellos que quieran probar su experimento a formar una
ꟾ sola fila
5º: pase a entregar una masita a cada uno de los mejores portados

degustación:
1º: identifique la masita menos horrorosa
2º: abra bien la boca procurando que no se le meta un mosco
3º: coloque su masita en la boca
4º: saboréela
5º: mastique 35 veces antes de tragársela
6º: haga que todos le copien

(receta opcional)

si las masitas de astucia, gravámenes y propaganda no le funcionaron
no se preocupe y haga lo siguiente:

trate a buenos y malos como autistas
y simplemente cambie el orden de las cosas

Con todo esto, les invito a leer Querido señor presidente, ¿qué te has hecho?, en queridosenorpresidente.wordpress.com.

Muchas gracias.

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Referencias

ben aki. (2015). Cartas desde la cárcel. Quito: Editorial El Conejo.

ben aki. (2017). Querido señor presidente, ¿qué te has hecho? Ambato: ben aki.

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[1] La presentación se desarrolló en la sección de “Literatura y Subversión” (mesa 25), bajo la moderación de Eva Castañeda Barrera.